Resumen
En el mes donde Halloween inunda las calles de dulces y disfraces, la Ley de Etiquetado Nutricional vuelve al centro del debate. Aunque los niños ya reconocen los sellos negros de advertencia, la paradoja persiste: informar no es lo mismo que educar. La normativa ha logrado disuadir el consumo, pero no necesariamente formar consumidores conscientes. En una fiesta dominada por el marketing emocional, el desafío del Estado ya no es solo advertir, sino enseñar a comprender y decidir.